Una treintena de brujas Omar, todas ellas de la tribu Simsalabin, me recibieron en la librería que lleva su nombre. Un icono de la cultura Medellinense y del amor por los libros juveniles e infantiles que anima tantos y tantos programas de la ciudad.
Las hospitalarias Omar me ofrecieron un estupendo brevaje que sanó mi ronquera, un pentáculo para presidir el Coven y un delicioso bizcocho preparado con sus propias manos. Fue la confirmación definitiva de la hermandad femenina de las Omar allende fronteras. Sus problemas son los míos y comparto sus inquietudes. Todas somos mujeres al fin.
El conciliábulo estuvo tambien concurrido por algunos pocos fantasmas, hombres amables que se acercaron y se unieron a nosotras.
Hablamos de lo humano y lo divino, de brujas y reinas, de supersticiones e intuiciones, de Clarissa Pinkola y Margaret Murray, de indígenas y tradiciones, de nosotras y nuestras vidas.
Mil gracias por todo lo que aprendí de vosotras.
A todas ellas y ellos, un abrazo emotivo. Fue el colofón redondo de una intensa semana .
Las llevaré siempre en mi corazón….






















